jueves, 25 de marzo de 2010

El carnicero musulmán: Oussama Ghailani


Cada vez nos acostumbramos más a las contradicciones con las que nos topamos a diario. Así tiene que ser si vives en la Ciudad México. Pero otra cosa muy diferente es trabajar fileteando cerdo por 8 horas todas los días y ser musulmán.

Y la persona que mejor lo ejemplifica se llama Oussama Ghailani, nacido en Larrache, Marruecos, hace 35 años. Es musulmán practicante así que lo de la prohibición religiosa con respecto al cerdo es muy real y muy clara: el Corán le prohíbe tocarlo o comerlo.


Él lo sabe. Su ropa huela a jamón serrano. Trabaja en el mercado más conocido de Barcelona, La Boquería, de 7 de la mañana a 3 de la tarde. Conoce muy bien la contradicción pero también debe proveer comida para su esposa Hajal, de 24 años. Ser migrante en Europa es difícil y si tiene que cortar cerdo aunque se enoje Alá, pues se hace (ver foto). La cosa es tener un plato de comida caliente al final del día.


¿Qué importa estar rodeado de embutidos si puede llegar cada tarde con Hajal y decirle ‘mira, hoy huelo otra vez a vísceras pero te compré este collar’?


Ghailani habla perfecto español y hasta la última vez que hablé con él, hace un año, iba muy adelantado en su catalán. Le va al Barcelona, es su religión no oficial, incluso al equipo de básquetbol que tiene ese mismo club. Si tiene rayas color azul y granate, está bien. Son los colores oficiales del equipo.


Además, prefiere la cultura catalana a la española porque los segundos “se meten en lo que no les importa”. Los otros son más reservados.


Para los clavados en el futbol, sus jugadores favoritos son Stoichkov, Romario, Migueli, Koeman y Julio Alberto Moreno. Hoy le gustan los que despliegan mejor actitud en el campo, “que defiendan la camiseta”.


Hajal, su esposa desde tres dos años, vivió ocho meses en Holanda antes de que finalmente se pudiera reunir con él. No hicieron boda. “Sólo se queda el recuerdo de la foto, lo demás es una tontería”, dice el marroquí.


Ahora ella y no el futbol, se ha convertido en su universo.


“Tienes que cambiar los muebles. Se tiene que comprar la habitación de matrimonio, armario. No dejas la ropa tirada. No tenía que dar explicaciones, ahora tienes que hacer planes”, explica.


“Ahora es cosa entre dos, no uno”.

4 comentarios:

  1. Hola primo, gracias por tu blog.

    La cuestión del cerdo en los musulmanes es un tanto compleja, y nada trivial. Una vez estuve platicando con un marroquí, que no era practicante, y me decía, por ejemplo, que con el alcohol no tenía ningún problema. Bebía cerveza o vino siempre que la ocasión lo ameritaba. Pero con el cerdo las cosas eran distintas. Me explicó que, para él, comer cerdo era como comer perro para nosotros. Ya no se trataba de un asunto religioso, sino de una concepción de inmundicia acerca del cerdo que su cultura había constituido.

    Por cierto, ¿Podemos estar seguros de que no hemos comido nunca perro?

    ¡Un abrazo!

    Luis C.

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  2. Pues, claro! Si te digo que después de lo que me contó Oussama me puse a leer el Corán y ahí tal cual estaba, no recuerdo qué versículo, pero también hablaba de otros animales que se consideran inmundos.

    Como dato cultural, a mí me gusta mucho la carne de cerdo. Sore todo los tacos al pastor! Qué diría Oussama??????

    Lo del perro en México, bueno...., jajaja!

    Abrazo y gracias por escribir, primo!

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  3. Laliiiiiiiito!!! Pues sí, las contradicciones dejan de serlo cuando hace hambre y cuando las bocas son dos, no una...

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  4. Sí. Tal vez ahora ya tenga tres bocas que llenar, Dianis...

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