sábado, 10 de abril de 2010

La Promesa

“He perdido totalmente el control de mi vida”, me dijiste ya al último de la plática. En tu caso, yo me sentiría igual. Muy lejos, en la violencia y con dos personas que dependen directamente de ti.

Pero ya has dado tu palabra. Firmaste un papel, ese que sale en la foto. Tu mano sale en otra tomando a la de tu esposa. Tu compromiso es de sangre. Creaste vida además.


Somos acciones. Eso decíamos. Y por eso estás nervioso.


Me dices que no sabes qué hacer. ¿Y qué te puedo decir? Nada. Absolutamente nada, mas que repetir como idiota, como imbécil, que te calmes, que tranquilo, porque no tengo nada más que decirte.
No es que no quiera, es que no tengo nada más que decir porque hay vacío. Y se hacen unos silencios eternos.

Correr como cada domingo en el poniente, por la mañana, 10 kilómetros, en la grava, con un sol de plomo. Bonito recuerdo. Y lo mejor es que es en compañía pero sin decir una palabra porque ya hay confianza.


Control. Control. Control. Control. Control. Control. Control. Por ahora mejor olvídalo.




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