lunes, 26 de abril de 2010

Sistema

Las películas futuristas me gustan por la manera en que presentan a la sociedad.

La trama me es absolutamente indiferente. Lo interesante es ver cómo pinta el director a la sociedad, lo que a fin de cuentas justifica la trama de la película.

Lo que nunca he entendido es la idea generalizada de representar a la sociedad futurista como algo totalmente burocratizado, sistematizado, ordenado, cuando cada vez queda más claro que cualquier individuo, pobre o rico, tiene la capacidad para ignorar casi totalmente al Sistema, si eso es lo que quiere.

El ejemplo más claro de esa cuadradez aparece en Brasil (Gilliam, 1985). En la foto de arriba a la izquierda se ve una de las oficinas centrales del gran sistema que controla todo. Todo. Por ejemplo, hay una gotera en el baño? Sí, pues lo debe saber el Sistema para que vengan a taparla. Y así todo lo demás.

Lo mismo se ve en Alien (Scott, 1979). Aquí una máquina interesada solamente en la eficiencia controla la vida de todo aquel que depende de ella. Las máquinas no se equivocan. Kubrick expone algo parecido en 2001 Odisea del Espacio (1968).

Y Blade Runner, del mismo Scott (1982), plantea algo similar, aunque el material original de Philip K. Dick es mucho más rico y acepta que en la base la sociedad es un caos. Pero arriba todo es orden. La direccción la llevan unos cuantos y una máquina. Cuando no me he dormido a la mitad de la película, capto que ese es el trasfondo.

Un poco menos denso es THX 1138 (Lucas, 1971). Aquí entra también el factor religioso. Si se cometió una falta sistema, hay que pasar por el confesionario, el que también tiene la capacidad para absolver y disipar la culpa.


A mayor o menor grado, toda película de ciencia ficción le debe algo a 1984, de Orwell. Por qué tanto a él y no a Huxley o Asimov no lo sé, aunque queda claro que esos dos comparten con Orwell los mismos fundamentos de sociedad distópica controlada por el Gran Hermano.

Y hoy eso da risa. Los posmodernos ya lo han escrito: la recámara de cada quien se convierte cada vez más y más en un sitio autocontenido, en donde tengo todo al alcance de mis dedos. Es un santuario, en donde hay protección del exterior que se empeña, por su irracionalidad, en frustrarnos. El cuarto es seguro, cálido, conocido. También puede ser ventana para hablar con otros. Aquí no entra el Sistema. Al menos no voluntariamente.

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