lunes, 17 de mayo de 2010

Rino-Chef














Un chef gordo no es nada raro. Otra cosa muy distinta es un Rino-Chef.

Lo conocí hace unos años a través de un amigo. Llegó a dormir con nosotros por una semana en el futón de la sala (el lugar más cómodo del departamento).

Rino-Chef es un tipo grande. Un poco más alto que yo, pero con un estómago que hacía imposible que cupiéramos los dos al mismo tiempo en el pasillo. Barba, lentes, poco cabello negro. Sus piernas eran dos columnas (casi siempre traía bermudas) y sus brazos, literalmente, eran del tamaño de mis muslos.

Así se identifica a un Rino-Chef. Por el calibre de sus juntas.

Era un buen tipo. Le gustaba Padre de Familia y Polo-Polo. Había trabajado en un hotel de Cancún. No era mexicano, pero igual. En su auto siempre ponía el mismo cassete del cómico. Después de escucharlo tres veces dejaba de ser chistoso, pero a él le daba igual.

-Te gusta la pasta?
-Claro, respondí.
-Ayúdame a prepararla. Y mientras se hace, vamos por unos six de cervezas.

A 40 grados era un buen plan. Después de la cerveza y la comida venía la siesta. En esa época yo sabía que si no me movía rápido de la estancia, dos horas de siesta eran seguras. Pero Rino-Chef estaba de vacaciones, así que él se quedaba tres horas pasmado.

Para la noche ya traía la pila recargada. Otro banquete, pero ahora con licores. Música tecno en la sobremesa. A la una de la mañana Rino-Chef estaba imparable. Que si México es esto, que si mañana hacíamos pollo con verduras, que si había más alcohol, que si la comida había quedado bien.

Después regresaba al futón. Una pared de papel cartón dividía la estancia de mi cuarto. Ahí fue cuando supe que Rino-Chef estaría ya muy poco con nosotros: roncaba como un tren de carga y parecía que se ahogaba. Y siempre dormía boca arriba.

2 comentarios:

  1. Si yo no fuera lo que soy, sería chef, no tan grande como Rino, aunque creo que yo no duraré mucho por ser tan sana, es la ley de Murphy.

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