sábado, 5 de junio de 2010

Ciencia y Pasión


La Caverna tiene un código de seis dígitos que sólo tu conoces. Te veo ahí a las 8, dices.


Adentro huele a siglos. Pero hay un piano desafinado y un sillón y una mesa. Tú llevas tu saxofón. Aquí tocas a solas.


-Toca para mí, te pido. Yo toco después para ti.

-No sé si pueda.

-¿Por qué? Te he oído desde lejos y se escucha muy bien.

-Me da pena...

(Largo silencio)

-Voltéate.

-¿Qué?

-Voltéate y toco para ti. Sólo no me veas.


Y tu música calma a la Bestia. Y la Caverna retumba. Y tu lugar secreto no es más, aunque hoy no importa porque estás tocando para alguien que está pero no está. Es normal, tu pudor femenino se autoprotege. El saxofón es agresivo, contrasta con tu docilidad. Pero aquí tu tienes el control. Es tu Jardín Secreto. Y después de un rato te sueltas.


Y me acerco a ti y te pregunto qué es eso que está escrito en la partitura. “Un poema”.


Dos corazones atraídos el uno por el otro

Se comunican su sustancia

Como dos espejos que arden

Concentran la luz y se la reflejan

Los rayos recolectados..divididos

Se multiplican

Se agrandan y se embellecen

Y al ser más activos

Más se intersectan

Y se reúnen en un mismo punto.


La Bestia está en calma, por hoy.

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