miércoles, 9 de junio de 2010

Compañía

El primer impulso fue matar. Después, observar. Y al último, reír.

Si sólo es un saltamontes. Un grillo, un chapulín. He vivido con seres mucho peores (que no serán descritos ahora) y otros que son más o menos de su tamaño sin darme cuenta: arañas esquineras, alacranes negros y güeros, hormigas y hasta un ratón de nombre Ratatouile que comía plásticos, sandía y pepinos, mas no melón.

Tener a un saltamontes de polizón tiene sus ventajas, al menos para mí. Su krrrrit-krrrrrit-krrrrrit me arrulla. Me recuerda cuando era cavernario (más) y venía la noche y todos nos juntábamos y comíamos y reíamos y dormíamos. En el Clan había grillos, muchos grillos. Qué mejor manera de ocultar los sonidos nocturnos del Otro que con el canto del chapulín? Por eso me caen bien.

-Qué no vas a cantar hoy?
-Cuando apagues la luz, cabrón.
-Uff, qué genio….
-Llevo todo el día esperando la noche, de qué humor quieres que esté?
-Bueno, yayaya…
-Sólo canto. A eso me dedico.
-….
-Tienes droga?
-No.
-Al menos alcohol tendrás.
-Sí, eso sí.
-Dame y rápido, que estoy que reviento de ansias. Y con hielo, a menos que quieras matarme.

Sip, este es mi roomie.

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