jueves, 3 de junio de 2010

Memento


Entonces me siento a leer un libro de mesa de animales, con grandes fotos a color. Increíble, pienso. Tan sencillos, tan perfectos y tan variados. Y mi mente comienza a buscar cuál es que más que le gusta.


Pero la carta cae al suelo de entre las hojas y ese proceso racional se detiene. Una hoja en papel tela, escrita a mano, con lápiz. Y la dejo reposar porque sé exactamente de quién viene y de qué trata.


Y comienzo a leer. Y las palabras, hoy, no significan nada; me pasan como fantasmas. Pero son bonitas, eso sí. Muy bonitas y muy seductoras. El problema es el vocablo “siempre”, que no tendría porqué existir. Ahora me doy cuenta de eso. Una palabra inútil, como “nunca”. De esas que salen en las discusiones para herir a la otra persona. Pares opuestos. Pero en papel tela van bien.


Palabras fantasma. Es bueno verlas de lejos. Después, destruir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario