martes, 15 de junio de 2010

Sensei


No has sentido nada hasta que no te han lanzado sobre un tatami. Por adentro tiene paja compactada, pero podría ser de piedra. Cuando caes ahí, la estancia retumba. El ruido es seco y generalmente viene después de un “suiiiish” que hacen tus pies con la cubierta exterior sintética. A veces quema.

El judo, a diferencia de otras artes marciales, no tolera los golpes ni las patadas. Se trata de usar la fuerza del Otro a tu favor para sacarlo de balance. Eso es todo. No importa si el Otro es más fuerte o más grande. Ni un karatazo, ni un golpe a la cara. Nada. Sólo llaves. Cuando el Otro cae al suelo de espaldarazo y se queda ahí se acabó la pelea., aunque también se le pueden aplicar llaves ya caído.


“Nunca le pierdas la mirada a tu Oponente”, repetía y repetía el sensei. “En sus ojos están sus intenciones”.


Y qué bueno era. Tanto que me pasaron al grupo de los grandes. Y es útil. La única vez que me he liado a golpes, el Otro se rindió después de un empujón y un barrido a la pierna izquierda. Dos segundos. Al suelo. Adiós. Buenas noches.


En japonés, la palabra significa “el camino de la flexibilidad”, ahora me entero.

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