sábado, 31 de julio de 2010

Palabras



En el mundo real disfruto hacer entrevistas.


Ahora le tocó a Esther Feldman (Lanús, 1973), una especie de semi-estrella argentina que ha escrito varios libros sobre relaciones y scripts de tele de programas famosillos. Le gusta la película Closer. Su nuevo libro se llama Rupturas, “no es de autoayuda, sino ligero y para reír”, y lo publica Grijalbo.


De cajón, le pido que defina lo que túélnosotrosvosotrosustedesellos buscan: “Es un estado que tiene que ver más con el compañerismo, que te ayuda a recorrer una ruta, y menos con la pasión”.


La entrevista telefónica de unos 20 minutos quedó así:


¿Cuándo se rompe la cristalización que tenemos de la otra persona?

Hay dos momentos: pasado el enamoramiento, cuando se desaparece vemos al Otro tal cual es. Ahí hay dos caminos: construir, adaptarte al amor cotidiano y hacer un esfuerzo o sobreviene la decepción amorosa y ahí se produce una ruptura. La segunda es aceptar al Otro tal cual es. Ahí puede venir el desencanto, el aburrimiento o el cambio en las personas y a veces, al mismo tiempo, conoces otras. La primera ruptura se da mucho en la juventud. En la adultez se da más el segundo tipo de ruptura.


¿Se puede superar el desprecio de una pareja o cuando se llega a ese punto es caso perdido?

El desprecio no tiene retorno. Socialmente vemos infidelidades y muchas parejas mejoran después de eso. Pero si uno no valora al Otro y no le ve nada bueno, se acabó. Se transita un camino y depende qué genera el desprecio. Si desprecio a la persona en un plano ético, es muy difícil que pueda convivir con ella. Si tiene que ver con algo coyuntural, se pueden acercar posiciones. Cuando no hay querer, voluntad, se empieza hacer más difícil el retorno.


¿Es más importante la honestidad con uno mismo o con tu pareja?

Con uno mismo. Hay que entender que cada individuo en la pareja es eso. No creo que sea una unidad indisoluble. Lo deseable es que sean tres: dos individuos y la pareja. Hay muchas cosas del mundo privado que no necesariamente tiene que saber la pareja. A veces la honestidad brutal lleva a la destrucción, como en la película “Closer” en donde se obligan a decirse la verdad y tres personas acaban destrozados. La única que se salva es la que no entró a esa dinámica. Creo más en la lealtad que en la honestidad brutal.


¿Qué proceso se sigue para llegar al punto en donde sólo quieres algo bueno para tu ex pareja en vez de odiarla?

Hay parejas con los que se logra más fácilmente. Depende qué pasa después de la ruptura. Si alguien te deja y conoces a otra mujer, pues le vas a decir “realmente me hizo un favor”. Las circunstancias marcan eso. Si hay una herida narcisista cuesta mucho más. Hay situaciones que hacen que eso surja más. El odio siempre tiene que ver con una cuestión narcisista y mientras menor es la herida menos odio hay.


¿Qué pasa con las relaciones que se basan solamente en la admiración?

Se genera una relación de dependencia del admirado y a la inversa, la persona admirada también acaba por necesitar esa atención constante. La admiración debe ser mutua, no tienen porqué ser idénticas. Si es sólo de un lado, la pareja se vuelve muy desigual, como de miedo, sentir que el Otro me está haciendo un favor. Un exceso de admiración de un solo lado puede ocasionar puntos de quiebre. Y en la ruptura viene un vacío absoluto porque no queda nada. A veces un rompimiento hace que uno tenga que admirarse a sí mismo.


¿Por qué es más fácil para las mujeres tener amigos que a la inversa?

Todos estamos atentos a la mirada del Otro. A veces la aparición de la mirada de Otro cambia la visión que uno tiene de la pareja. En cuestión de la amistad de hombres con mujeres es más difícil porque es un mandato social, un acercamiento por sexo: amante o esposa. Ahí tenemos más libertad las mujeres.

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