martes, 3 de agosto de 2010

Reto



Algunas personas se tiran de un puente amarrados de un listón de plástico, de un avión a 80 mil pies de altura, cazan búfalo o se meten a orgías esnifando dos rayas de coca cada miércoles después de darle las buenas noches a su esposa e hijos. Todos lo hacen para divertirse, para sentir algo vivos.

Yo manejo bajo cansancio extremo. Si es de noche mejor, pero no es obligatorio. Como un misil urbano.


Antes lo hacía en sacrificio para El Orden: un Trabajo, una Familia, mi Palabra. Ahora ya no. Ahora lo hago para ver hasta qué límite puedo llevar mi cuerpo, sobresaturado de químicos que produce él mismo, hambriento de vida, sediento de amplitud. El parámetro eres tú, tú te pones el límite. El premio te lo das tú mismo.


A veces lo hacia acompañado. “Eduardo! Te estás durmiendo!”, me gritaron varias ex novias histéricas que nunca tuvieron el mismo sentido del placer que yo. Ahora ya no. Mejor solo (no soporto que me griten). Existe algo más excitante que pelear contra ti mismo, contra tu propia psique y mortalidad, a 140 en el carril de alta del Periférico? Pelear y ganar? Hoy hice todo esto y al final, cuando me querías derrotar, te partí en dos. Conseguí fuerzas de no sé donde y te vencí y sigo respirando y puedo volver a hacerlo mañana. Eso es adrenalina. En el fondo soy un Vitalista. A veces hago trampa y manejo descalzo porque es imposible dormir con pies de sardina.


Claro que a veces hay detallitos. Como en mi vida pasada, cuando me estrellé en una cuchilla en Palmas yendo hacia El Cerro a las 6 de la madrugada en jueves. Perdida casi total. Le marqué a la grúa. En lo que llegaba hice el asiento del conductor hacia atrás y me acurruqué. Era diciembre, hacia frío, pero a la adrenalina no le interesan esas mariconadas. Después llegó un policía.


-Joven, se tiene que mover, está estorbando la vía pública.

-La dirección está destrozada y el coche no prende, oficial, ¿cómo quiere que lo mueva?

-Ah pues no sé joven, no se puede estar aquí.

-Hay un cajero por aquí cerca?

-A la vuelta, joven.

-Espéreme tantito y nos arreglamos, va?

-Bueno. Así le hacemos, joven. Hasta ponemos la patrulla atrás de usted y lo cuidamos.


Eso es una policía comprometida con sus ciudadanos, carajo.


Un católico diría que es un pequeño milagro que aún esté aquí. Mi ego no es tan grande. A veces pienso que después del detallito todo ha sido como I see dead people walking around like regular people. Otras me auto-pregunto “con un demonio, ¿qué más quieres de mí?“

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