viernes, 1 de octubre de 2010

Come McDonalds. Vive Para Siempre.



La artista Sally Davies publicó hace unos días un experimento científico con una Cajita Feliz de McDonalds.

La mujer fotografío durante 137 días una hamburguesa y papas de ese restaurante en el Happy Meal Project.

¿El resultado? La comida estaba prácticamente idéntica al último día a cuando salió de McDonalds. No se hizo mala. Dura tal vez, putrefacta no.

La ciencia dice que esto se debe a que las hamburguesas de McDonalds tienen una cantidad inaudita de grasa y puesto que la grasa no guarda agua, la comida puede preservarse así durante meses. También ayudan las generosas porciones de sal que la gran M le echa a todos sus productos, desde salsas catsup a sus panes.

Eso suena lógico. Yo creo que, sin quererlo, el mundo occidental tropezó con su Cáliz Sagrado. Busca hamburguesas, no sangre, para vivir para siempre. Es mucho más práctico, mucho más fácil, mucho más eficiente y mucho más rico.

Claro que los académicos dirán que eso no tiene sentido. Yo les diría que no hay un sólo estudio que sustente lo contrario, así que, al menos científicamente, la idea es viable. Otra idea: hay que comer piedras para fortalecer el cuerpo. Lo mismo: no hay un solo estudio que demuestre lo contrario, y hasta que no se publique, la idea es racionalmente correcta.

Me encanta la ciencia.





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