domingo, 24 de octubre de 2010

Medallón


Querido resentido social:


Ahhhh, nada como levantarte el fin de semana, respirar el aire fresco y darte cuenta que un hijo de puta te rompió durante la noche el medallón de tu coche con una piedra.


Porque hay que ser un maricón para aventar una roca de 5 kilos a un coche estacionado, en la noche, cuando nadie te ve.


Porque, al final del día, yo soy 650 pesos menos rico (el coche está asegurado) y tú eres 650 veces más pobre. Pero deja te explico mi concepto de riqueza. Siéntate, que tal vez te moleste un poco.


Verás, a diferencia de ti, he cogido con relativa frecuencia. No necesito sacar mi veneno aventándole una piedra a un coche estacionado cuando nadie me ve. De hecho, si conocieras mi historial amoroso, no sólo hubieras roto mi medallón, estoy seguro que hubieras incendiado el coche. No sólo eso, me han dado las gracias post acto. Sí, así de cabrón. Una vez hice a una mujer ronronear. Pero tampoco te quiero presumir. ¿Para qué? Lo que sí te diré es que cuando no ha habido acción final al menos he establecido algún vínculo significativo con la persona. Pero tú no entiendes eso, ¿verdad? Te queda demasiado grande el concepto e intuyo que no coges ni un resfriado.


Porque a diferencia de ti, a mi sí me han querido. Alguna vez hasta me han amado. Familia, amigos, carajo, hasta mis alumnos. Cuando me siento sólo no voy rompiendo los autos de otras personas. Intento aprender algo, lo que sea, pero no me hago el macho tirándole una piedra a las 4 de la mañana a un objeto que no me pertenece. Intento ponerme activo, no me evado.


Y cuando algo me molesta, le pongo freno. No me lo guardo durante años, como tú lo has hecho. No me guardo ese resentimiento social. Lo detengo aunque me duela. Lo fácil sería pensar que vienes de un familia poco favorecida, de la periferia de la Ciudad y de ahí viene tu resentimiento social. Pero yo no lo creo. Yo creo que más bien vas a una escuela ultra fresa y vives con una familia que te reprime y no te deja hacer lo que quieres y cada fin de semana te pones hasta las manitas y cuando el alcohol te ha dado el suficiente valor agarras un auto con tus amigos y vas rompiendo vidrios. Créeme, yo lo viví igual que tú pero le puse freno a la mitad del camino. Le puse freno a los 13 años. Un día me levanté y dije “ni madres, yo no vuelvo a esa escuela de legionarios locos, de gente enferma por represión”. Y esa fue toda la diferencia. No escoges a la familia, pero sí escoges tú escuela.


Supongo que tú no escoges nada. Por huevón. Dejas que la gente vaya por la vida escogiendo por ti, diciéndote qué hacer, envenenando tu cerebro hasta que te la crees y piensas que es cool buscar y levantar una piedra de cinco kilos y echarla contra mi medallón.


Y en eso queda el hecho. La piedra estampa al vidrio, yo llamo para que lo reparen, me pongo activo dos horas y ya está. Tú, en cambio, te tienes que estampar con tu cara en el espejo todos los días.









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