martes, 25 de enero de 2011

¿Cómo es que la gente puede comer frente a un espejo?


Junto a mi trabajo hay una taquería, muy buena, que se llama “EcuaTaco”. Sus dueños son una familia de señores nahuas que vienen de la sierra poblana. Por 12 pesos sales satisfecho.

A la hora de la comida, la taquería se pone hasta el tope y a veces la única opción que queda es sentarte en la barra, de 15 centímetros de ancho, que está justo en frente de la parrilla. Hasta ahí todo bien. El problema es que la barra tiene un enorme espejo y acabas comiendo, literalmente, a diez centímetro de tu propia cara.

Entiendo que hay personas que se ven mucho, MUCHO, en el espejo. Otras que no pueden pasar uno sin verse, aunque sea de reojo. Y otras hasta cargan uno.

Yo no. Nunca he podido. No por falta de vanidad, sin porque siempre encuentro algo que pudiera estar mejor y mejor lo dejo así. Dorian Gray lo sabía.

Ahora imagínate comiendo frente a ti mismo. No sólo tacos. Cualquier cosa. Hay restaurantes muy lujosos que colocan espejos frente a sus mesas para dar un mayor sentido de amplitud a sus clientes. Yo siempre corro de esas mesas. Si no hay otra opción trato de darle la espalda al espejo. Si de plano no se puede, imito los movimientos de la persona que está justo en frente para que tape el espejo. Hay que tener pelotas para masticarte a ti mismo.

Espejos frente a la cama, en el baño, en el closet, en la sala, en el carro. ¿Para qué otro cuando comes un taco?

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