viernes, 18 de marzo de 2011

Metamorfosis


El perro de mi hermana murió y mutó en un cacomixtle.


¿Cómo sé esto? Porque los dos son igual de activos en la noche, impredecibles y están absolutamente locos.


A veces me quedo en El Cerro, en Huixquilucan. Ahí, los cacomixtles llegan al jardín y tratan de meterse a la casa. No son sutiles. No les da miedo que los sorprendas pegándole a la puerta de vidrio del jardín para tratar de entrar. Son como gatos que se pueden trepar a cualquier cosa, sólo que hacen mucho ruido cuando saltan de un lugar a otro. Todo esto es por la noche, muy tarde.


“Esos fregados cacomixtles son unos impertinentes!”, dijo mi madre el otro día en la comida. No pudo dormir porque los animales se habían subido a una ladera que da hacia su cuarto y querían entrar. “Además se comen mis flores!”. Con lo que cuestan las plantas hoy día, yo también hubiera estado enojado.


Los habitantes de La Bestia del Valle de México no estamos acostumbrados a ver este tipo de animales. Nuestro momento National Geographic se milita a perros, gatos, y la rata perdida que ronda el Metro o los basureros del AutoMac. Ver un cacomixtle es algo muy raro. Que regrese todos los días a la casa, por la noche, aún más.


Como Chadow, la mascota de mi hermana, los nuevos inquilinos del jardín también se comen las plantas. Supongo que la primera la hacía por ociosa; los segundos lo hacen por sobrevivencia. Y porque saben bien. Chadow era la dueña del jardín, ahora son los cacomixtles, parientes de los mapaches. Nada de gatos aquí. Como Chadow, comen casi cualquier cosa.


Los dos, además, tienen antifaz natural integrado.

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