sábado, 14 de mayo de 2011

Mediatizado


No sé ustedes, pero yo me topo cada vez más con personas que van por la calle de la Ciudad de México con el dispositivo manos libres de su teléfono celular, como el de la foto de arriba.

Veo a gente que gesticula, que le grita al aire, que constriñe los músculos de su cara con conversaciones públicas, a la vista de todos, quieras o no.

Lo más común es escuchar pláticas sobre aspectos mundanos de la oficina. Que si fulanito gana más que yo, que si la asistente que acaba de entrar está más buena que la anterior, que si el Licenciado Rodríguez ya entregó los papeles del avalúo, en fin, toda un torrente de información que no tengo por qué saber y me resulta absolutamente superflua a mis intereses vitales.

El segundo campo más grande de conversaciones para todo el público son aquellas de la pareja. Aquí pongo mi límite. Cuando empiezo escuchar como los enamorados se refieren al otro en un renglón reservado para la privacidad, me bloqueo. Osito, cariñinto, reina, dulcesito, peque, gorda y demás. Sí, estos motes tienen un lugar y un uso solamente: en el oído del amante cuando ambos están en la cama. Afuera, en el mundo real, a 30 grados y bajo el Sol inclemente, con un mundo de gente alrededor, suenan tan ridículos como empalagosos. El concreto es ríspido, áspero y no se toca el corazón por nadie. Hay que adaptarse a él.

Pero a mucha gente le vale. Viven en Lalalandia. Y explicarles que por respeto al prójimo no se deben gritar las conversaciones celulares en público es algo casi impensable. Seguramente me tacharían de imbécil y se armaría una madriza. Exponerles que no lo deben hacer por buen gusto, ni tocarlo. Estoy seguro de que en algún país escandinavo existe algún reglamento que apoya mi razonamiento, pero no puedo afirmarlo.

Seguramente la gente piensa que es cool. Se imaginan la imagen de arriba, pero realmente se parece más a esto:


Además, no es como si hubiera mucho tiempo para hacer una llamada vía celular. El 90 por ciento de México alimenta su servicio móvil con tarjetas prepagadas, de acuerdo con la CEPAL. Sólo Italia tiene el mismo nivel de penetración de prepago que México. Así que además de ser ruidoso y de mal gusto, las pláticas en la calle con el teléfono son caras.

Cuando recibo una llamada en público, siempre cubro la bocina del teléfono con mi mano, como si fuera un agente de la CIA hablando con el Pentágono. El ademán crea problemas si hay gente de confianza al lado, sobre todo con intereses amorosos, pero después de explicarles que lo hago por costumbre, casi por reflejo, el asunto queda saldado. Puede hablar mi madre o mi agente de seguros y da igual, siempre tapo la bocina. Nadie más—nadie—debe hacer un uso práctico de mi información.

Aquí estoy en la minoría, lo sé. La tendencia es usar cada vez más el famoso dispositivo, si es que aún no tienes BB Talk o Chat o Messenger. El objetivo es estar cada vez más comunicados para que cada vez que hablemos se pierda el peso específico que tiene cada una de nuestras frases. Si hablo contigo todo el día, ¿qué te voy a contar cuando nos veamos en físico? ¿O hay que darle vuela otra vez a lo mismo, hasta la eternidad?

Además, si todos vamos a acabar usando un manos libres, al menos tendría que ser como el de Lobot, famoso por Star Wars. Ahí va el manos libres, la tableta, la PC y el adaptador de tarjetas de memoria flash en un solo aparato. Él no gritaba ni hacía escándalos y recibía su información al ser activado remotamente. No usaba WhatsApp.











2 comentarios:

  1. Tienes toda la razón Portas. Yo por eso tengo un plan de miles de mensajes en mi celular, prefiero escribir que estar hablando. Además me expreso mejor escribiendo, dicen.

    Y a esos que se dicen "gordo", "chiquis", "princesita", "mirrrey" y cursiladas/pendejadas por el estilo en voz alta y en público deberían prohibirles la venta de teléfonos celulares. Y la entrada a internet.

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  2. Los mensajes también son mejores pq pueden esperar mucho tiempo a que los contestes y no pasa nada, Gaby. De hecho, es mejor pq así piensas más lo que vas a decir! Son más eficientes.

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