miércoles, 27 de julio de 2011

Frequent User Miles



Como todo buen ciudadano del mundo civilizado, trato de usar el transporte público de la Ciudad de México todos los días.


Conducir se ha vuelto una tarea de última necesidad. No encuentro una sola razón, salvo monetaria, por la que alguien quisiera usar más su coche en la Ciudad en lugar de desplazarse en taxis, sitios, Metrobús, Metro, microbuses y camiones (pinto mi raya con las combis). Bueno, la cuestión monetaria y agrego el estatus. Siempre dará más caché llegar a la comida de negocios en el BMW que en el taxi-vocho con La Z a todo volumen.


¿Si existe una enorme masa critica de gente que tiene que usar el transporte público en la capital por qué no se ha incentivado ese uso?


Hace unos días, se me ocurrió que se podrían crear programas conjuntos para recompensar el uso del transporte público en el DF. El programa contaría con el apoyo del GDF y empresas privadas. Al igual que con las aerolíneas, se otorgarían puntos a cada usuario de transporte público cada vez que lo usara. Su premio sería poder cambiar esos puntos por descuentos en el súper, la tenencia, una pizza., etc. Las posibilidades son infinitas y dependen en gran parte de las empresas que se quieran sumar a la iniciativa. Con un mercado de 4 millones de usuarios diarios del Metro y 660 mil del Metrobús, seguramente algo se podría hacer, pensé.


Pero afortunadamente no me dedico a la planeación urbana.


El problema, me dijeron los que saben, no es incentivar a las personas que ya usan el transporte público, sino traer a los que no lo usan. El objetivo de disminuir los altísimos niveles de contaminantes en la Ciudad sólo se podría lograr haciendo que una buena parte de los 8 millones de autos que circulan a diario bajara considerablemente. Ese tendría que ser el mercado al cual tendría que ir dirigida la iniciativa de las millas de usuario frecuente del transporte público. A aquellas personas que pueden optar por usar el Metro pero prefieren tomar su auto por comodidad, miedo, conchudez o hábito.


Y aquí es donde entra la cuestión de los incentivos que tanto me martillaron en mi breve—pero útil—estancia como estudiante en el ITAM. ¿Qué motivo tendría una persona que usa su auto para dejarlo y subirse al Metro que le resultará más incómodo, sucio y caótico? Es muy poco probable que haga el cambio de transporte simplemente por ser un alma caritativa que quiere contaminar menos. ¿Se sentirá atraído por un sistema de usuario de millas frecuentes que le regalará, con el tiempo, un descuento en el predial o una pizza? ¿O tal vez se sienta atraída si por usar el Metrobús acumula un descuento en Mango o Zara?


Nadie sabe, pero en vista de los ínfimos costos que requeriría arrancar el programa, valdría la pena darle una oportunidad. Cuando lo arranquen, mándenme un mail. Tengo experiencia en este tipo de cosas: uso el transporte público de la Ciudad todos los días.

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