sábado, 29 de octubre de 2011

La muerte del hipster

No hay nada más passé que la moda, dicen. Una vez que los estándares estéticos de vestimenta se han asimilado en el grueso de la sociedad, es momento de cambiar. Si quieres estar a la moda, tienes que estar dispuesto a cambiar constantemente, o arriesgarte a parecer anticuado. La paradoja es que cuando una tendencia comienza a hacerse tan popular que las masas pueden conseguirla de manera accesible para estar "a la moda", esa corriente ha alcanzado su clímax. De ahí en adelante, todo irá para abajo.

En México tenemos la gran ventaja de llegar siempre tarde a las nuevas olas. Las tomamos cuando están en su punto más alto y ya han sido totalmente probadas, comprobadas, hyperconsumidas, y vistas como seguras comercialmente en Estados Unidos y Europa.

La moda es algo relativamente moderno. Data de la Edad Media, cuando el hombre comenzó a darse cuenta de su corto paso en la Tierra y para celebrarlo, decidió mutar cada temporada con una vestimenta nueva, que subarayara su temporalidad. Antes, la gente usaba el mismo corte de ropa en el antiguo Egipto, Grecia, Roma y hasta en India y China, con sus respectivas variaciones locales. La idea era que la ropa durara lo más posible, no presumir algo nuevo.

Todo viene resumido en El Imperio de lo Efímero, de Lipovetsky. La moda en la sociedades modernas es adolescente, dice, porque nosotros somos así. Nuestro excesivo narcisismo nos hace indomitables, invencibles, superiores a todos los otros. ¿Qué importa si me visto como hipster y me veo ridículo? Nada. No porque no sea cierto, sino porque a nadie le importa. Todos estamos demasiado preocupados por nuestra propia apariencia como para fijarse en los demás. El fin es seducir: seducir con lo que hago, con lo que como, con lo que escucho, por lo que pienso, y por lo que visto. Más que una acción consciente, dice el francés, seducir es una herramienta básica de sobrevivencia.

Por eso me repelen los hipsters. Es tal su narcisismo, su estar sólo obsesionados con ellos mismos que están dispuestos a ir a conciertos masivo y no sentirse ridículos cuando 5 de cada 6 personas van vestidas indénticamente. En vez de presumir su individualidad, presumen su pensamiento colectivo, de masa.

Como Blogger tiene voluntad propia, la foto de arriba no se subió bien a este post. La cambiaría pero 1. me da un huevo de avestruz y 2. la imagen ilustra mejor el punto de los hipsters. Sólo les vemos las caras, no la ropa. Sin la ropa se ven como gente normal, como tú y como yo. "Mira, hasta parece que puedo hablar con ellos y no pasa nada", dirías. Pero no es así. Cualquier razonamiento rebota en sus blusas de rayitas, en sus mayones, en sus pantalones de pitillo o en su crew cut copeteado. Y al final da igual, al fin y al cabo nada les importa.

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El Festival Corona Capital se realizó el pasado 15 de octubre en la Ciudad de México. Unas 85 mil personas asistieron al evento en donde tocaron 30 bandas.

60 mil asistentes llevaron lentes de pasta.

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