martes, 21 de agosto de 2012

El pasajero


¿Conocen a alguien a quien le guste manejar en la Ciudad de México?...Eso suponía.  Trato de nunca tomar el coche. Camino hasta donde puedo--bajadas, subidas, avenidas por un tránsito bestial--pero a veces no hay más que conducir hasta donde te llaman. Yo lo sé. Tú lo sabes. Las arañas también.

El tránsito de la capital del país no es exasperante por su densidad. Casi siempre avanza como la melaza. Ya sabes. Lo suficientemente lenta como para querer gritarle "muévete!" y lo suficientemente rápida como para no dejar de ponerle atención. Tu cerebro queda dividido porque no hay un ritmo específico que siga el flujo de automóviles. O estás atento o te estrellas.

Escucho mucho la radio para aliviar mi tiempo en el coche. Mucho talkshow de ayuda a la mujer, música juvenil, música de enamorados, jazz y a veces hasta pongo las noticias (una deformacion profesional).  Otra veces hago llamadas y mando mensajes de texto. Intento usar ese tiempo muerto en acciones mecánicas, llamadas de trámite, respuestas que no requieren ninguna reflexión profunda. Esto funciona bastante bien hasta que casi chocas por tercera vez. Entonces ahí decido poner más atención al volante y dejar que la voz de alguna locutora me pacifique (no puede ser cualquier voz; tiene que ser profunda y algo mandona, como las mujeres que me gustan). 

Otras veces la hago de fotógrafo de National Geographic, como puedes ver arriba. En en se círculo rojo del parabrisas hay una araña que estuvo dando vueltas, tejiendo su pentágono, trabajando mientras yo la llevaba durante más de una hora en mi auto. Es curioso ver cómo una araña trabaja frente a ti. Tiene un orden específico para hacer las cosas. Primero revisa el terreno, en este caso el espejo retrovisor. Ahí coemienza a dejarse caer desde su abdómen para dejar que su telaraña fluya. Después vuelve a subir por su cable orgánico (el más fuerte de la naturaleza) y hace otro trazo. Así durante buena parte de una hora. Después se toma un descanso y se esconde en el rincón del ángulo más cerrado de su obra. 

No tengo nada contra las arañas. Me son absolutamente indiferentes. Por años una vivió arriba de mi puerta. Nunca me hizo nada y freno a una buena cantidad de hormigas y mosquitos que querían entrar a mi departamento. Son seres interesantes y cuando ves cómo trabajan para conseguir un sólo objetivo, como lo hizo el bicho de mi retrovisor, no te queda sino admirar su eficiencia, su simplicidad. 



Esa última frase me la robé directamente de Alien (Scott, 1979). Acabo de ver la tetralogía completa en la edición especial en DVD, incluyendo los comentarios de las personas que hicieron cada una de las películas (por 250 pesos, calculo que cada de entretenimiento me salió en 20 duros. La ganga del siglo). El comentario más interesante es el de la película original, pero las otras intervenciones no están nada mal, en particular la del francés Jean Jeunet, que dirigió Alien:Resurrection en 1997 y después se haría muy famoso en América por Amélie (2001). Como punto interesante, una de las primeras veces que fui al cine en una date fue para ver Delicatessen, del mismo director francés, la cual llegó a México por alguna extraña razón hasta 1998, a pesar de haber sido lanzada en 1991. A mi me fascinó. A la chica con la que fui no tanto; de hecho, hasta hoy me lo recuerda y no de forma sutil. 

El comentario de Ridley Scott en el DVD de Alien es una clase maestra de iluminación, puesta en escena y encuadre. Era la segunda película del inglés, quien sufrió un constante hostigamiento por parte de la 20th Century Fox para amoldar la película a la perfección. El director se preocupó muy poco por los actores. Sabía que eran algunos de los mejores de ese momento, con excepción de Sigourney Weaver, que debutó en este filme. Scott, en cambio, se concentró en el aspecto técnico del largometraje: la luz, los lentes de la cámara y el ritmo que lleva esa especie de relato de "camioneros en el espacio", como él mismo lo define. El inicio de la película contiene una de las escenas mas fastuosas de cualquier película de ciencia ficción. Estoy hablando de la parte en donde la tripulación se topa con la inmensa figura de un extraterrestre petrificado, conocido informalmente como el Space Jockey. Esa parte de la película es el "money shot" en donde se gastaron millones de dólares en un set que se usaría por sólo unos segundos, a pesar de los reclamos del estudio para frenar su realización. Scott accedió a eliminar esa escena, pero al último minuto la casa productora aprobó el proyecto y el resultado de ese encuadre quedaría grabado por décadas en la mente de los cinéfilos. Tanto así que a partir de esa única toma se creó una nueva película de Alien en la recién estrenada Prometeo (2012), una de las mejores películas de Scott. 

Más de 30 después, algo que parecía inútil creó una nueva mitología para un nuevo grupo de aficionados al cine. Una araña nunca sabe para quién teje su nido.

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