sábado, 13 de diciembre de 2014

Diez cosas que no sabías de El Hobbit



Entrada 200. Algo especial. Como cada año, esta época trae otra entrega de la saga de El Hobbit. He escrito sobre las mejores películas de dragones, también sobre las fallas y aciertos de la primera parte de la trilogía. Ahora, comparto diez datos que cualquier fanático de Tolkien debe saber y que seguramente le ayudarán a disfrutar más el material de origen y las versiones cinematográficas. Y no estamos hablando de personajes femeninos inventados (Tauriel) o líneas de tiempo mezcladas a placer del director para hacer las películas más interesantes (Azog). No. Estos son 10 datos realmente oscuros.

10. La última entrega de la trilogía Peter Jackson (“The Battle of the Five Armies”) corresponde a los capítulos 13-19 del libro original de Tolkien: Not at Home, Fire and Water, The Gathering of the Clouds, A Thief in the Night, The Clouds Burst, The Return Journey, y The Last Stage. En la mayoría de las versiones de El Hobbit estos capítulos suman apenas unas 70 páginas del total del texto.


9. El nombre “Arkenstone” deriva del viejo término anglosajón eorclanstan, que significa “piedra preciosa”. La palabra se puede encontrar en la historia de Beowulf, un texto que Tolkien estudió profundamente a lo largo de toda su vida como filólogo especializado en letras nórdicas y arcaicas y del cual escribió diversos ensayos. Théoden, otro nombre bien conocido para los fanáticos de su material, también proviene, con algunas variaciones, de otro término anglosajón escrito en Beowulf. En el segundo caso, significa “príncipe” o “rey”. La descripción del arkenstone en El Hobbit es muy similar a la que Tolkien ofrece del Silmaril en el libro del mismo nombre: "…even in the darkness of the deepest treasury the Silmarils of their own radiance shone like the stars of Varda; and yet, as were they indeed living things, they rejoiced in their light and received it and gave it back in hues more marvelous than before”.


8. La palabra “mithril” se introdujo por primera vez en la versión de 1966 de El Hobbit (Ball) para coincidir la descripción ofrecida en la saga de El Señor de los Anillos, publicada en 1954. La versión original de El Hobitt de 1937 no incluía dicho término cuando se habla de la legendaria cota de malla de Bilbo Baggins (o Bilbo Bolsón en varias traducciones). El cambio se hizo para darle concordancia a los dos textos. Mithril es una palabra del élfico síndarin que se traduce más o menos como “gris irisado”. Esta aliación de plata y acero también se conoce como plata de Moria o plata real. En la Tierra Media, sólo se puede encontrar en Moria. 



7. Cuando Thorin y Bilbo se reencuentran después del vuelo de Smaug, deciden comer un desayuno de agua y cramCram es una palabra élfica que significa, de acuerdo con Tolkien, “pastelillo de harina comprimida o meal (el cual contiene con frecuencia leche y miel), usado en largos viajes”.



6. En el folclore inglés tradicional, los cuervos (o cuervo imperial, pues Tolkien habla de “ravens”, el pájaro más grande de dicha familia de aves) se consideran seres de mal agüero. Sin embargo, los cuervos imperiales son usados por Tolkien de forma que toman el papel de mensajeros de la mitología nórdica. Roäc y Carc, ambos mensajeros para Thorin, son similares a Hugin y Munin de la saga nórdica Edda. Ahí, le dan información invaluable a Odín. Los cuervos imperiales puede llegar a vivir hasta 30 años, lejos aún de los 153 años que Tolkien le otorga al onomatopéyico Roäc en El Hobbit.



5. La formal discusión entre Thorin, el Bardo y los mensajeros, hacia el final del libro, proviene de las sagas islandesas.Los legalismos del intercambio recuerdan la reposición de daños por algún perjuicio cometido por una de las partes en una época en que no era común archivar legajos con castigos o compensaciones. Esta tradición oral se puede apreciar a lo largo de toda la obra de Tolkien. Un buen ejemplo son las canciones salpicadas en El Hobbit. A través de ellas se da información, recuerdan actos, comunican ideologías. 


4. El dragón Smaug, así como sus motivaciones, proviene de una larga tradición occidental que caracteriza a los míticos animales como seres obsesionados con el acaparamiento de metales preciosos. A veces, el tesoro viene acompañado de una princesa o damisela en peligro. El héroe debe eliminar al dragón para obtener aquello que más desea, pero más importante aún, realizar su propio destino, lo cual le otorga el derecho a ser un hombre en su sociedad y valerse por sí mismo. El tesoro que esconde el dragón siempre es algo que vale la pena obtener no sólo por su valor intrínseco, sino por los bienes que ese algo le proveerá a la sociedad a la cual pertenece el héroe. De nuevo, Tolkien basó buena parte de sus ideas en el dragón que aparece en Beowulf, aunque algunos investigadores han afirmado que se parece aún más a la cobra blanca del cuento “El Rey Ankus”, escrito por Rudyard Kipling y publicado en El Libro de la Selva (1894). 


3. Las Minas de Moria no guardan ninguna relación con la bíblica tierra de Moriah, alrededor de Jerusalén. De hecho, Tolkien siempre detestó cualquier simbolismo o conexión de significados que se le quisieron atribuir a sus textos (“mi mente no funciona de esa manera”, escribió en una de sus cartas fechada en 1967). Al autor le gustaba la aliteración que formaban las palabras “minas de Moria” o en inglés “Mines of Moria”, una palabra que en élfico síndarin significa “abismo negro”. La raíz latina “mor”, según el autor, significa “oscuro o negro”, o claro, también muerte. También es probable que el término provenga del cuento escandinavo Soria Moria Castle. 



2. En la escatología de la Tierra Media, los espíritus de los enanos muertos transitan a un lugar de espera en donde permanecen hasta el fin de los días, pues su destino está atado a ese primer mundo. Lo mismo sucede con los espíritus de los hombres, en donde son liberados de la ataduras terrenales hacia un destino desconocido. Esta diferencia entre enanos y hombres fue un regalo de Dios (Ilúvatar). La muerte de un hobbit amerita una entrada independiente, pues asimila, a veces, las características del paso a mejor vida de los elfos. Los hobbits, a veces, ganan esta categoría especial cuando han dedicado su vida a una causa mejor. Tolkien creó a los hobbits con ese fin en mente, pensando que su bondad natural podría ser la pieza clave para restaurar el orden en la Tierra Media. En una carta al parecer fechada en 1951 le escribe a un amigo sobre El Hobbit: “en efecto, este es un estudio de hombres comunes y corrientes, ni artístico ni nobles ni heroicos (pero no sin las semillas aún no desarrolladas de estas cosas)— y de hecho, (como un crítico lo percibió) el tono y estilo cambian con el desarrollo del hobbit, pasando de un cuento de hadas al [relato] noble y alto y recayendo al retorno”. El crítico al cual se refiere Tolkien es su amigo y también escritor C.S. Lewis, quien describió a El Hobbit en una reseña como un libro que empieza como un cuento para niños pero asemeja una saga hacia el final del texto. 



1. La trilogía entera de El Hobbit de Peter Jackson reposa en un capítulo de la historia no incluido en el libro original de 1937, pero escrito muy probablemente entre 1953 y 1955. El capítulo se incluiría como un apéndice de El Señor de los Anillos, pero por distintos motivos nunca apareció de forma completa en esa otra obra, sólo uno que otro renglón en la magna opera de Tolkien. El texto se se titula “The Quest of Erebor” (La Expedición de Erebor) y detalla, desde el punto de vista de Gandalf, cómo es que preparó toda la aventura que aparece en El Hobbit. Es un capítulo en donde sólo aparecen el mago y los enanos y discuten sus motivaciones y ganancias para iniciar la aventura. Se incluye en las Unfinished Tales (1980) de su hijo Christopher Tolkien. El taumaturgo no lo hace de forma gratuita. Siente que las fuerzas de la Tierra Media están a punto de tildarse hacia el mal. Es por eso que piensa juntar a un grupo de personajes casi insignificantes (los hobbits) y otro que alguna vez tuvo gran renombre (los enanos). Ambos, para el mago, pasarían desapercibidos y así evitarían un hecho cataclísmico en la Tierra Media. Gandalf logra su cometido, pero sólo temporalmente. Sauron y su ejército renacerían casi por completo en El Señor de los Anillos a partir del orden entre el bien y el mal que Bilbo determinó parcialmente en El Hobbit.   


Estos y muchos y otros datos vienen del magnífico libro The Annotated Hobbit, de Douglas A. Anderson (2002). Lo mismo con todas las ilustraciones incluidas arriba. Un recurso obligatorio para cualquier fanático de Tolkien.

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