sábado, 2 de mayo de 2015

Los Problemas de la Independencia de México, según Francisco de Paula de Arrangoiz

En su obra México desde 1808 hasta 1867, Francisco de Paula de Arrangoiz (Jalapa, 1812-1899) explica las razones por las que su patria ha tenido problemas desde su concepción como país. Para el autor, que fue determinante en el proceso para traer a Maximiliano al trono de México, el desarrollo que dio luz a su tierra estuvo lleno de ambición desmedida, hijos desagradecidos y envidia. 

El resultado ha sido una patria con problemas desorganización y frecuentes cambios de gobierno. Esto es relevante considerando que su obra fue publicada en Madrid entre 1871 y 1872, lo que le da una visión panorámica al autor de los desencuentros nacionales. Arrangoiz trabajó para el gobierno mexicano pero su paso como cónsul y secretario de Hacienda, de otra forma grises, son más recordados por el cobro unilateral que tomó por la venta que hizo la administración nacional de La Mesilla. Siempre lo justificó como algo “normal” por su trabajo, mismo en donde negó en 1854 como cónsul de Nuevo Orleans a proteger a Juárez, Ocampo y Mata, bien identificados con las ideas liberales y en ese momento en exilio. 

En la obra aquí referida, Arrangoiz deja en claro que no gusta de las ideas liberales de la forma en que se han aplicado en México, en donde sólo han traído desorden. De ahí, tal vez, las extensas citaciones que hace de la obra Historia de Méjico de Lucas Alamán, otro personaje de la historia nacional identificado con el partido conservador y las ideas del mismo.

Uno de los problemas principales de México fue que desde el inicio se deshizo de los españoles, afirma Arrangoiz, los cuales consideraban a esta tierra como su patria y buscaban hacer familia en ella, al revés de los demás europeos.1 Su visión de los españoles contrasta fuertemente con la que tiene de los estadounidenses e ingleses, y otros europeos, afectos al juego, el lujo desenfrenado y al ocio.2 

La expulsión de los españoles, los cuales habían favorecido al país con el cristianismo, un virreinato fuerte y buenas costumbres, fue realizada por los criollos, los cuales creyeron que podían dominar el territorio sin la sangre europea. El resultado de esta lucha intestina, afirma, fue negativa para los independentistas, los cuales al momento de la publicación de la obra, después de la guerra con EEUU, Francia e innumerables cambios de gobierno, se encuentran con un país en ruinas. Los criollos creyeron, dice el autor, que ellos podrían dominar distintas áreas del país después del hueco dejado por los españoles. 

“La experiencia los convenció de su error, mas demasiado tarde para remediarlo”. Pero además de esto, en los primeros capítulos de México desde 1808 hasta 1867 se nos describe una sociedad sumamente estratificada, en donde las castas y mestizos hacen los trabajos pesados y los indios cuentan con muchos privilegios. Se cobra el diezmo, sí, pero ese impuesto no es nada comparado a los impuestos que han llegado con la independencia del país, más altos y arbitrarios. 

Estas ideas liberales traídas de EEUU y Francia carecen de conocimiento de la sociedad colonial española, en la cual “no había libertad de imprenta, ni se hablaba de derechos individuales; pero a nadie se insultaba o ultrajaba impunemente; el hombre honrado estaba verdaderamente protegido [pero además las principios liberales han sido desvirtuados por los independentistas] para tomar armas no en defensa de su patria, de su hogar; sino en nombre de la libertad para servir a los proyectos de algún militar faccioso o del algún abogado perdido o escribentillo de alcaldías.”3
A lo largo del texto, queda claro que el autor apoyaba al virrey Iturrigaray. Sin embargo, el mismo funcionario real fue usado para los intereses de los criollos. Los españoles, dice, actuaron en consecuencia para quitarlo del puesto y encarcelarlo el 15 de septiembre de 1808. 

Así, los españoles actuaron naturalmente una vez que vieron que la autonomía podría ser real, en vista de los problemas que España tenía con Francia y el poder del Rey Fernando VII estaba en jaque. Arrangoiz cree en este sistema de gobierno: “Los hombres que desean que se ponga en ejecución lo que es bueno y factible, verán que si muy imperfecto como obra de hombres el Gobierno virreinal, con él era tan feliz México, cuanto puede serlo un país, porque no estaba oprimido el pueblo con onerosas contribuciones, pues ni se malgastaban las rentas públicas, ni se pagaban creídos e inútiles ejércitos y empleados, no había más que los absolutamente indispensables: que México tenía uno de los mejores gobiernos antes de la insurrección...”4 

A partir de la deposición de Iturrigaray, el odio creció entre españoles y criollos. Por eso no duda en calificar como “indigno” que la Nueva España decidiese separarse de la península cuando ésta se encontraba en una guerra con Francia. “Era indigno de un pueblo noble y cristiano, pues tenía vínculos de sangre [y además peleaba] contra un enemigo que había subyugado a toda Europa.”5

1 Arrangoiz, Francisco de Paula de. México desde 1808 hasta 1867, Ed. Porrúa, México, 1968, p. 13
2Ibid, p. 14.
3Ibid, p. 24.
4Ibid, pp. 21-22.
5Ibid, p. 30. 

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