viernes, 23 de octubre de 2015

El movimiento juntero español de 1808

En este texto resumiré brevemente el texto “El movimiento juntero en la España de 1808”, escrito por Antonio Moliner como parte de la obra coordinada por Manuel Chust titulada 1808. La eclosión juntera en el mundo hispano (2007).

El autor parte del momento en que España, en marzo de 1808, es invadida por Francia después de que ésta rompe el trato que ambas tenían para dividirse Portugal. Los franceses deciden quedarse en España hasta 1813 (aunque la última batalla sería en 1814 en Toulouse, ahora con los españoles en el papel invasor), un hecho jamás imaginado por Carlos IV. Al poco tiempo de este hecho, Carlos IV abdica al trono español y el francés Joaquín Murat—cuñado de Napoleón--entra a Madrid y aplica una dictadura militar. Al lado de Carlos IV estaba Manuel Godoy, una de sus validos más cercanos. La familia real se muda a Bayona, pero Fernando VII, hijo de Carlos IV, le arrebata el trono. El hijo también llega a Bayona, pero sin trono, pues la habían cedido a Napoleón Bonaparte en las abdicaciones. 

Godoy se enfrenta directamente a Fernando VII, que será llamado “El Deseado”, pues, según Moliner, en este momento se comienza a crear un mito alrededor de su figura. De esta forma se hace una oposición central entre Godoy y Fernando. Antes de salir a Bayona, Fernando VII había nombrado una Junta de Gobierno, pero sus resultados habían sido poco favorecedores. Napoleón representa la falta de religión, pues había sido excomulgado de la Iglesia. José Bonaparte, su hermano mayor, fue enviado como Rey de España, periodo que abarcó oficialmente del 6 de junio de 1808 al 11 de diciembre de 1813.

Ante la invasión, distintos españoles crean juntas en ciudades y provincias favor del rey y de España. Las revueltas se hacían contra Godoy y tenían un matiz xenófobo. De acuerdo con Moliner, esta actitud del pueblo, espontánea, es el nacimiento de un nuevo tiempo histórico que rompe con el Antiguo Régimen. Aunque las juntas fueron formadas por élites locales estuvieron acompañadas de levantamientos populares, tales como los de Oviedo, Sevilla, Jaén, Granada, Gerona, Manresa, Vic, Salamanca, La Coruña, etc. 

 El movimiento es popular, pero está ligado a la tradición y al poder. El odio a los franceses se combinó con los problemas del diario de las personas. Algunos se acusaron de ser partidarios de los franceses. Las Juntas son entonces una formación que sucede a partir de la ausencia del poder real. Ahí reside la soberanía del reino, un aspecto sumamente revolucionario, según Moliner. Junto con las guerrillas, este fue el aspecto más peculiar de la guerra de independencia española, cita. Las 18 Juntas no reconocieron la abdicación de Bayona. Las Juntas organizan resistencia y el ejército, nombran generales y otros funcionarios, establecen impuestos y administran las rentas y entablan relaciones con tras naciones. No buscan el poder en sí, sino la restauración real. Su formación fue muy heterogénea. Hay absolutistas y liberales. La Junta de Sevilla del 27 de mayo se instauró como Suprema, tanto como de España como de Indias.

Las Juntas de España lograron influir en la reacción portuguesa a la invasión española. A diferencia de España, el levantamiento en Portugal tuvo un componente más religioso. Pero en Portugal siguió el militarismo inglés tras la invasión francesa mediante Wellington y Beresford. Según el autor, esto sofoco el levantamiento nacional y le dio un tono muy distinto al de España. En Portugal se restauró tanto la corona como la Iglesia y el estatus quo desconfió de las juntas locales.

En España, el 25 de septiembre de 1808, se creó la Junta Central. Con esto se evitó el federalismo. Esta junta reconoció la deuda nacional, impuso una contribución extraordinaria de Guerra, y firmó un tratado de alianza con el Reino Unido en 1809. Trató de cohesionar la resistencia nacional. Se colocó por arriba de las juntas provinciales, lo que les restó autoridad. El resultado fue que se convocó a formar Cortes y a redactar una Constitución para tratar de enmendar los problemas nacionales. Las Juntas entonces sirvieron como vínculo entre las cortes, el Consejo de Regencia y la nación. La Constitución se redactó en 1812, la cual contempla el poder de ayuntamientos y diputaciones. Ahí las juntas dejaron de existir legalmente.


Concluye Moliner: “las juntas nunca pretendieron cambiar el orden social vigente, pero por las circunstancias particulares que se han señalado, al dotarse las juntas de nuevos poderes abrieron el proceso político que culminó con la obra de las Cortes de Cádiz y la proclamación de la Constitución de 1812”. Su formación no fue popular, pero sí hubo un componente del pueblo en la razón de su existencia. Este esquema juntero se repetiría en las subsecuentes crisis españolas. 

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