viernes, 30 de octubre de 2015

El reinado de Isabel II de España

En este resumen abordaré los puntos más relevantes de la introducción al libro Isabel II. Los espejos de la reina (2004), escrita por Juan Sisinio, editor de la misma obra.  Isabel II gobernó de 1833 a 1868, cuando se fraguaron los cambios que hicieron que España entrara a la modernidad. Comenzó a ser reina a los tres años y dejó de serlo a los 38. Se mandato es un juego de espejos, afirma el autor. Nació en 1830 y murió exiliada en París hasta 1904. Su padre fue Fernando VII, el último rey absoluto de España y su madre fue María Cristina, la cual influyó enormemente en su persona.  Su destronamiento, sin embargo, no causó retrocesos institucionales ni empeoramientos socioeconómicos ni dolor popular.  

Isabel II fue una persona que gobernó bajo la propia Constitución comenzada a redactarse por las Cortes de Cádiz, desde 1810. Ella es la máxima responsable del Estado. Su reinado se valora como una etapa favorable para el despegue del capitalismo español, a pesar de las críticas que le han hecho a su vida personal. Destaca su gobierno porque conjugó el protagonismo que le otorgaba la Constitución como la larga tradición de jerarquías y valores ligados al antiguo régimen. Le llegó la influencia de la revolución liberal, representativa, así como también los reclamos de la ciudadanía por si igualdad. Al dejar el poder, dice el autor, “la monarquía y los reyes o reinas de los Estados librelaes se deslizaron por los nuevos derroteros de unos cambios sociales que en unos casos acabaron con sus coronas, y en otros los obligaron a reacomodarse en una supervivencia de muy frágil argumentación”.

En las biografías hechas a Isabel II por diferentes historiadores se deben tomar en cuenta las palabras, elección de las cuales, según Sisinio, son una decisión moral. En el caso de la reina no hay biografías neutras. Su adultez llega en el paso de las monarquía absoluta a la representativa o parlamentaria. Su llegada al trono fue un problema. Su tío Carlos le disputó el trono en apoyo a la ley sálica (línea directa del poder al varón y con la que se excluía las mujeres de la línea sucesoria).  Este hecho derivó en una guerra civil. Su tío se apoyó en los absolutistas, los que apoyan al antiguo régimen. Su madre María Cristina, reina al morir Fernando VII, era igual de absolutista  pero se tuvo que apoyar en los liberales y con eso los segundos pudieron acceder al poder estatal. En 1834 tomaron el poder y en 1836 se restableció la Constitución de Cádiz. María Cristina quedó como regente entre 1834 y 1836, siendo los liberales la verdadera fuente del poder.

La batalla entre los partidos moderaos y progresistas fueron por el control de las enormes riquezas nacionalizadas y liberadas precisamente para privatizarlas: la tierra desamortizada, la abolición de señoríos y la supresión de los mayorazgos.  El embarazo y casamiento ilegal de María Cristina, casada en secreto tras la muerte de Fernando VII,   la obligó a negociar con los liberales y mantener cerca a los moderados para mantener el poder. Los moderados la obligaron a aprobar una ley de ayuntamientos en donde se les daba el poder de casi eliminar la base republicana y progresista, en 1840. Esto la destronó y el poder fue tomado por Espartero, un hijo de carretero de Granátula de Calatrava. Isabel llega al poder entonces con una infancia absolutista, pero con exigencias ciudadanas que la gente antes no hacía a los reyes. Las personas ahora eran libres e iguales. “Estaban en proceso de cambio las relaciones políticas, las formas del poder, las expresiones culturales y las lindes de las identidades individuales y colectivas”. Fue declarada mayor de edad a los trece años, un acto inconstitucional en la nueva Constitución de 1837. Se le buscó un matrimonio estratégico, motivado por distintos intereses: los privados, la concepción de la mujer como una extensión del marido y las nuevas categorías de los público como expresión del interés nacional. A los 17 años se le casó contra su voluntad, pero al año ya estaba separada de hecho del Rey Francisco. Ahí comenzó  su larga lista de amores y con la cual se ha cebado la literatura. 

Esta valoración ha sido peyorativa, pues se ha considerado  a los amantes como una influencia directa en la voluntad política de la reina. Esto provocó problemas con Francisco, quien usó el erario para desquitarse y aceptar el disimulo. Las camarillas alrededor de ella también aprovecharon esta situación para su propio beneficio. Lo mismo hizo su madre María Cristina.  Isabel también fue propensa a usar su posición para abusar de los recursos públicos.  Además, se le daba una lista civil, un pago por ser monarca.  

Después, en 1875, Alfonso de Borbón recuperó el trono en un golpe de Estado. Dicho proceso se dio en pleno camino de España hacia la democracia, el cual fue muy difícil. Lo apoyó un conservador.  Pero la reina sólo pudo ser duquesa de Toledo, no reina madre. Su imagen había quedado muy perjudicada.  Al salir en 1868 empieza el sexenio democrático que termina en 1873. Ahora las masas tienen poder. Ella sirvió para implantar el Estado liberal. Las fuerzas liberales burguesas la usaron para consolidar su poder. Las clases medias ahora tenían el poder social y el político. Pero los mismo liberales no lo eran tanto, había una sociedad conservadora que adoptó viejas formas de prestigio social. Regresaron los título aristocráticos. El individuo tenía más poder que nunca y el Estado las tareas de garantías de los derechos de las personas. Pero el Estado fue igualmente represor en esta época. Jugaba ese doble juego.  La monarquía justificó el orden natural impuesto por los liberales. La médula del Estado-nación. La unidad del pueblo español.

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