lunes, 5 de octubre de 2015

La Corte de Carlos V

En este espacio resumiré brevemente la “Introducción” de la obra La corte de Carlos V (2000), escrita por José Martínez Millán. El autor ofrece un panorama de las distintas perspectivas historiográficas que han estudiado a Carlos I de España--a partir de 1516--o Carlos V--emperador del Sacro Santo Imperio Romano entre 1519 y 1556. El referido vivió entre del año 1500 al 1558. El autor señala que no se le ha dado la importancia historiográfica que merece, pues el reinado de Carlos ha estado ligado a la idea de unidad nacional y su papel ha mutado según la ideología del historiador.

En el romanticismo, a finales del siglo XVIII, se le dibujó como la antítesis de los Reyes Católicos, quienes según esta línea de pensamiento cambiaron la historia de España al llevarla de la Edad Media a la Modernidad. Con esta vertiente decimonónica, lo que más importa es la unidad nacional. Es así como Carlos V es visto como un represor y un hacedor de guerras que además viene del extranjero, pues pertenece a la casa Austria. Trata a España como una provincia más de su imperio y prefiere ser rey de Alemania. Lo echan al olvido consciente, dice Martínez. No va con la idea de unidad que se quería hacer del reino.

Con algunas variaciones, dicha línea de pensamiento continúa con la Restauración. De nuevo, las ideas nacionalistas y religiosas priman sobre las otras. Se retoma la unidad religiosa catapultada en la época de los Reyes Católicos. Esta es la etapa integrista “basada en la pureza de la fe y de la raza; la Reconquista, la unidad religiosa de 1os Reyes Católicos, la Inquisición, Felipe II y Lepanto eran las glorias nacionales”. La lucha del 2 de mayo se hace a favor de Dios, la Patria y el Rey. Lo de afuera es la herejía. La identidad se centró en el catolicismo. La persecución del Santo Oficio se ligó con la decadencia intelectual. Los historiadores no le hicieron mucho caso a Carlos V. Para eso tuvo que llegar el siglo XX.

Con el regeneracionismo su figuro vuelve a tomar importancia. Esto se da en medio de la crisis de la Monarquía con la dictadura de Primo de Rivera y, después, la República. Los alemanes retoman su figura en esta época: “lo que buscaba esta historiografía alemana sobre el significado de Imperio era la de explicar una forma política superestatal que justificase la evolución político-institucional germana del siglo XIX”.

En este sentido, Carlos V aparecía como el personaje más idóneo para estudiar en su actividad política la solución que dio a este problema, dado que las situaciones parecían muy similares, dice el autor. Después Menéndez Pidal vinculó las ideas políticas de Carlos V con los orígenes hispanos.

Esta idea era similar a la que antes se le había atribuido a los Reyes Católicos. Así, se convirtió en una pieza central para la unidad española. La instauración de la dictadura de Franco propició que la idea de Imperio, concebida de esta mantra, fuera recibida con agrado por el régimen, dado que le beneficiaba en su concepto de la búsqueda de un Estado, alega Martínez.

En la actualidad, el estudio de Carlos V se ha topado con problemas metodológicos. ¿Imperio o Estado moderno? ¿Desde qué perspectiva se analizaría el legado de Carlos V? Otros estudiosos han puesto en tela de juicio el modelo del estatismo que desde su perspectiva, fundó el emperador.

Finalmente, el autor argumenta que los historiadores han olvidado el papel que la Corte jugó alrededor de Carlos V. La corte “resurge entonces no sólo como una sede privilegiada del proceso de la toma de decisiones y de la regulación de los equilibrios sociales, sino también como centro de elaboración de comportamientos, de una ideología y de un simbolismo que constituye la esencia del poder.

En este sentido, la corte se revela como el lugar por excelencia en el que se hace política”, opina. Tres grandes áreas gravitaban en torno al monarca: el gobierno de la Monarquía, integrado por los Consejos, tribunales y sus ministros; el gobierno de las casas reales y, finalmente, por el séquito cortesano. Ahí se pusieron de manifiesto los acuerdos tácitos entre nobleza y monarquía y se adoptaron costumbres, lenguaje, normas, y valores radicados en este grupo.

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