miércoles, 7 de octubre de 2015

Por qué ha sido olvidado Manuel González?

Manuel González (1833 --1893) fue un militar y político tamaulipeco que llegó la Presidencia en el interregno de Porfirio Díaz, es decir, 1880 a 1884. Antes de escalar hasta ese cargo, participó en la guerra contra Estados Unidos y en la guerra de Reforma, primero del lado de los conservadores y después, a partir de 1861, del lado de los liberales. También fue gobernador de Michoacán (1877), Guanajuato (1885) y secretario de Guerra en el primer periodo presidencial de Díaz, sirviendo en el cargo de 1878 a 1879. En general, se pueda afirmar que González hizo su carrera en el periodo más convulso de la historia del país.
Más allá de estos datos biográficos, poco se sabe de González. La mayoría de los historiadores coinciden en que fue un títere de Díaz. Durante su mandato, sin embargo, continuó con la construcción del eje vertebral ferrocarrilero del país, y también fue testigo de diversos cambios en código y reglamentos que supusieron una mayor integración del mercado nacional al internacional. Durante su mandato modificó el artículo 7° de la Constitución para censurar a la prensa (“Ley Mordaza”). Por estas acciones algunos investigadores, como Georgina Esperanza Almendro, han calificado a González como modernizador. Su gobierno no chocó con el Díaz, en vista de que ambos eran amigos. Esa amistad y compadrazgo fueron determinantes para que Díaz le retribuyera a González su lealtad. El “Manco”, como se le conoce después de haber perdido un brazo del codo para abajo en la batalla de La Merced, en Puebla, en 1867,  fue un oportunista político y social que aprovechó su desempeño militar para subir el escalafón social, ya fuera con matrimonios con una mujer de la alta sociedad (Laura Mantecón, de quien se divorció tras su mandato)  o mediante la exigencia de un aumento de rango tras una batalla particularmente riesgosa. 
Como señala la autora antes mencionada, González fue un carismático caudillo militar y político representativo del siglo XIX. Pero además, gracias a su hábil manejo de la política y los favores, pudo forjar una extensa red de relaciones, las cuales le fueron de mucha utilidad al combatir bajo las órdenes de Porfirio Díaz hacia finales de 1862. Las relaciones de amistad, con las cuales alzó su carrera y obtuvo beneficios materiales gracias a ello (haciendas, por ejemplo, a partir del éxito de la revuelta de Tuxtepec 1876), fueron un factor determinante en la estructura interna del ejército del siglo XIX. Con Díaz forjó una relación patrón-cliente que favoreció a ambos (“Estimado compadre, compañero y amigo”, se decían en sus cartas). Fue una relación vertical. Cuando este vínculo era roto en el siglo XIX, era normal que hubiera sublevaciones.
¿Por qué ha sido olvidado por los historiadores? Antes que nada, por los escasos documentos de sus acciones que se conocen hasta el momento. Si bien las acciones con Díaz relativas a la Intervención y el Imperio, efectuadas entre 1863 y 1867, son conocidas, existen muy pocos documentos de su cambio de bando realizado previamente, como dice Almendro. Ese matiz polémico alrededor de la vida de un hombre ha sido en más de una ocasión lo que ha llamado la atención de los historiadores para adentrarse a un tema. Pero González, al menos para la historiografía oficial, siempre va de la mano de Díaz, una figura que opaca a muchos otros hombres de la República Restaurada y del último tercio del siglo XIX. 

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