sábado, 6 de febrero de 2016

El pasado precolombino de América Latina



En este texto resumiré brevemente algunos puntos esenciales de un extracto del texto Hipótesis para el estudio de Latinoamérica en la Historia Universal, de Enrique Dussel. El autor divide su escrito con base en el desarrollo alcanzado por las distintas culturas prehispánicas de América Latina, las cuales llegaron al continente desde el Pacífico Sur, primero, y después por el norte asiático. Estas olas migratorias fueron ocupando distintas áreas de lo que hoy es América, frecuentemente construyendo su civilización sobre la anterior hasta convertirse, como los casos azteca, maya e inca, en altas culturas con urbanización y usos avanzados de la agricultura. De forma transversal, pero sin relación con la clasificación antes dada, las distintas culturas veneraron a dioses de las esferas celestiales (uránicos) o tuvieron creencias ligadas a la tierra (któnicos) o una síntesis de ambas para explicar su cosmología.

La hipótesis del autor es la siguiente: las culturas precolombinas se desarrollaron no en las regiones más beneficiadas por el clima y la naturaleza, sino en “las regiones donde el pasaje de las corrientes de la inmigración de los primitivos pueblos se hizo difícil [...] la revolución agrícola es sólo fruto de una necesidad imperiosa: la falta de lugar, el estrechamiento del hábitat, la gran densidad demográfica que imposibilita la vida nómada, ya que la caza, la pesca o la recolección necesita mucho espacio”. Y después agrega: “a medida que se produjo el estrechamiento de América Central, y después en el pasaje necesario que eran las cordilleras y costas pacíficas de Colombia y Perú” se produjo una revolución agrícola urbana.

Los primeros pobladores del Sur, los cuales datan del período Paleo-indiano, son los Chono, Alakaluf y Yahgan. En este primer grupo están los Pampas, constituidos principalmente por los tehuelches, puelches, chechehet, Harpes y Querandies (sigo la capitalización del autor al nombrarlos). Un poco más al norte está el grupo del Gran Chaco, entre los Andes hasta el Paraguay. Las culturas principales de esta zona—un grupo muy heterogéneo, matrilineal—son los chanas, charruas, guaikuru, lules, matako, abipones. Parte de estos indios del Chaco son brasílidos. La primera corriente de los indios del Brasil Oriental son los más arcaícos y comprenden los caiganes, parte de los guaraníes, botocudos y los tupinambas.

En el hemisferio Norte están los esquimales, que se extienden de los 79º en Groenlandia hasta los 50º en el Pacífico. Colonizaron toda la bahía de Hudson, el Norte de Terranova, Groenlandia, Alaska, y regiones del Pacífico. Al Sur de éstos se encuentran las tribus subárticas, que van del Río Yukón hasta Terrranova, en donde yacen los pueblos algonquinos, iroqueses, atapascas y Salish. Hacia el Oeste están los californianos, que agrupa a los pueblos shosni. En la costa Noroeste están las tribus Elingit, Wakasch y Chimecua.

Estos son los pueblos más primitivos de América. Como corolario, se encuentran más que nada en las costas pacíficas y en las grandes llanuras. Sus estructuras pertenecen en esencia al periodo paleo-indiano y meso-indiano. Predominan los dioses uránicos sobre los któnicos. Aún no aparece la agricultura.

Después, agrega el autor, están los pueblos que han alcanzado cierta explotación del mundo vegetal, pero no son netamente agricultores. Aquí están los amazónicos, en donde hay distintos niveles; después, los de la cordillera andina, en donde se clasifican los araucanos de Chile, capayanes, diaguitas, atacamas, omaguaca y Yuncá. “El carácter de estas regiones, exigieron la creación de un sistema de cultivo intensivo sumamente ingenioso. En las laderas de los montes se construyeron, como entre los Incas, contenciones o andenes—de gran semejanza, por otra parte, con lo de las Islas Polinesias—para facilitar la irrigación y evitar la erosión.

Cultivaban el maíz, calabazas y papas”, afirma Dussel. En las Antillas estuvieron los guanahatabey y los caribes. En Norteamérica se incluye en esta clasificación a los cultivadores del Suroeste, los pueblos Pima-Nahuas, que florecieron el 900 y el 1300 d.C. Al Sudeste se debe señalar a los caddos, muscogi, parte de los siux, en la parte inferior del Mississippi y la Florida. En esta segunda clasificación entran los indios de las praderas, famosos en el cine.  

En cuanto a la cultura azteca, el autor refiere que en México se han encontrado los primeros vestigios de cultivos de maíz hasta en el siglo VIII a. C. Las primeras culturas importantes aparecen en la zona de Zacatenco-Copilco, más o menos 1456 a .C. , sobre la cual floreció la cultura de Ticoman-Cuicuilco entre 472 y 250 a.C. En la región de Oaxaca se produjeron las culturas de los Mixtecos, Zapotecos, y del Monte Negro. La cultura olmeca aparece en La Venta, entre 1154 y 300 a.C.. En Yucatán, entre el 700 y el 200 a.C., aparecen distintos yacimientos. Años después se dio la época clásica en Yucatán, entre el 200 y 900 d.C. y después la posclásica, del 987 al 1441, en donde se impone una aristocracia guerrera de origen extranjero y se hace presente el sacrificio humano.

La revolución urbana se dio gracias a una agricultura bien implementada y las relaciones económicas entre estos pueblos, pues todos los caminos hacia la costa y los países del Norte debían pasar por la zona teotihuacana-mexicana. A diferencia de Egipto y y Mesopotamia, las culturas se gestaron en las mesetas y en las montañas y descendieron a las llanuras (como los mayas). La cultura de Teotihuacán tiene su época clásica entre el 300 y el 900 d.C., pero después los Nahuas, un grupo de bárbaros destruyó la ciudad. De ese mismo grupo se derivan los Mexicas o Aztecas, los cuales fundaron México -Tenochtitlán sobre un islote en la laguna en 1298 tras ser vencidos por sus rivales. Sus gobernantes más recordados son: Itzcoatl, Moctezuma Ilhuicamina, Axayacatl, Tizoc, Ahuitzol y Moctezuma II.

Salvo el último, los demás extendieron el territorio conquistado por los mexicas. Fueron un pueblo guerrero, con un dios uránico y elementos któnicos. Vivían cada acto en un “tiempo místico”, como repetición del acto místico de los dioses. La vida viene de un ser vivo que se inmola, de un fuego nuevo que se refleja en un ciclo de 52 años (Gran Año). De acuerdo con el autor, los aztecas revelan un grado de racionalización autoconsciente, bien reflejado en el legado de Quetzalcoatl, Nezahualcóyotl, Tlacaélel y Tecayehuaztin.

De igual importancia fueron los Incas, en la zona de Perú y sus colindancias territoriales de Bolivia y Ecuador, en particular los reinos de Cuismanco y Chiquimancu, en las costas centrales, y Pisco, Ica y Nazca, en las costas del Sur, así como en la Sierra con Utcumamba, Cajamarca. Al igual que los aztecas, “fueron una civilización de alto sincretismo cultural, sedentarios superiores”, afirma Dussel, que tuvo como característica un sacerdocio Imperial, opuesto al regional de los hechiceros, adivinos y shamanes. Sin embargo, su propia racionalización religiosa apenas iniciaba, no era aceptada por todos, y además se contradecía con los mitos vivientes de las diosas-madre y la religión popular y local.

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