martes, 19 de abril de 2016

América Latina y la crisis de 1929

En este texto resumiré las principales ideas del ensayo “La crisis de 1929 en América Latina: Del viejo paradigma al nuevo paradigma explicativo. Alcances y limitaciones”, autoría de Ronny Viales Hurtado (2000). En el escrito se plantea la tesis siguiente: las afectaciones en América Latina del crack bursátil del 29 se deben entender desde una óptica más amplia que la visión tradicional de la CEPAL ha fomentado.

De acuerdo con el autor, hubo otras razones internas que desataron las consecuencias vistas durante esos años en toda la región, las cuales no han sido tomadas en cuenta por el análisis tradicional. Por lo mismo, la recuperación regional estuvo atada a esos factores internos que ya existían antes de que se desatara la crisis. En todo caso, para entender el problema se debe partir del hecho de que Estados Unidos se convirtió en el país más fuerte de la región tras la Primera Guerra Mundial.

La visión tradicional de la crisis del 29 establece que antes de la crisis de 1929, la región era dependiente a la economía mundial porque estaba estrechamente ligada con gastos y préstamos efectuados y otorgados por Estados Unidos y Europa. Cuando llegó la Gran Depresión, los países de América Latina tuvieron que depender menos de las exportaciones y se concentraron en modelos que fomentaron la sustitución de importaciones (ISI) y políticas  de estabilización. Desde la CEPAL, el principal impulsor de esta ola de pensamiento fue Raúl Prebish.

Así se explicó el subdesarrollo de Latinoamérica desde 1949-1950. En esta lógica, están los países del Centro y la Periferia, en donde los segundos abarcan a toda Latinoamérica y los primeros se refieren a las potencias industrializadas que, además de capital, crean tecnología. En este paradigma, el crecimiento viene gracias a factores exógenos y los países latinoamericanos dependen de la venta de sus exportaciones. En la región, los sectores financiero y estatal obtenían su capital de las exportaciones de la agroindustria.

Al detenerse la cadena de compra de las exportaciones en los países industrializados, otros sectores de los países en desarrollo también sufrieron las consecuencias. Sobre el tema, el autor divide a los países exportadores en tres grupos: a) países exportadores de productos agrícolas de tipo templado (Argentina, Uruguay); países exportadores de productos agrícolas tropicales (Brasil, Colombia, América Central y el Caribe y ciertas regiones de México y Venezuela), y c) países exportadores de productos minerales (México, Chile, Perú, Bolivia y Venezuela en la década de 1930).

La nueva interpretación de la crisis enfatiza que los efectos del crack del 29 se comenzaron a sentir antes de esa fecha, pues la mayoría de los países habían recurrido al financiamiento externo en las décadas previas para sustentar los grandes proyectos liberales de desarrollo. El crédito provenía en gran parte de Estados Unidos y Gran Bretaña. Los mecanismos de transmisión de la crisis fueron, según Viales: a) la reducción del comercio mundial; b) el deterioro de los términos de intercambio; c) la deflación a nivel internacional, y d) el reflujo de capital. Pero además, el freno del crédito desde Estados Unidos provocó problemas financieros en Latinoamérica, pues ese capital muchas veces financiaba actividades públicas y privadas.

Después de la crisis del 29, los países que salieron con mayor rapidez de la Depresión fueron Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, Guatemala, México, Perú y Venezuela, en gran parte gracias al modelo de industrialización ISI y a otros tres factores: : a) el sector exportador agrícola, tradicional y dependiente del comportamiento del mercado internacional; b) la sustitución de importaciones agrícolas y de servicios y la recuperación del sector no-exportador; c) la política económica del Estado.

A largo plazo, este cambio de modelo trajo algunos problemas: a) la atracción del mercado interno protegido que no estimuló la producción para la exportación; b) la pequeña escala de los establecimientos, y c) una baja productividad del trabajo. Durante la Segunda Guerra Mundial la demanda de productos de América Latina también aumentó.

En conclusión, el paradigma tradicional de la Depresión debe ser revisado. Más que crear las condiciones para la aparición del modelo ISI en los ámbitos industriales, agrícolas y de servicios y la intervención del Estado con distintas políticas económicas y la creación de instituciones financieras, la crisis del 29 “vino a apoyar y continuar con tendencias que ya venían desarrollándose desde antes de 1930.

Por lo tanto, "en el paradigma tradicional se exagera el contraste de la economía latinoamericana antes y después de 1929”. En pocas palabras, al menos desde fines del siglo XIX la industrialización ya había empezado en la región y su despegue vino a partir de 1930.

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