jueves, 19 de mayo de 2016

Los cambios que Reforma trajo al periodismo mexicano

Una nota de portada de marzo del 2006 firmada
por Eduardo Portas, Sergio Cárdenas y Claudia Salazar. 

De acuerdo con el texto "La Reforma que vino del Norte" de José Luis Esquivel Hernández (2005), a partir del 20 de noviembre de 1993 el diario Reforma modificó la cultura periodística que había imperado con anterioridad en el país. Para empezar, el mismo periódico se planteó como un negocio informativo, con un diseño atractivo y mucho color, textos cortos y cabezas llamativas. La prensa nacional de esa época, por el contrario, era gris y monótona, con marcadas tendencias oficialistas o bien, con una clara tendencia ideológica a favor de la izquierda. Pero Reforma se ubicó en el nicho de las clases medias y altas, un sector amplio que había sido soslayado.  Esto le dio una imagen moderna, diferente con respecto a los demás competidores. 

A principios de los 70, Alejandro Junco de la Vega, dueño del diario El Norte, comenzó a instruir a sus periodistas mediante cursos impartidos por académicos tejanos. La capacitación se centró sobre todo en periodistas jóvenes que no hubiesen sido “maleados” por la prensa nacional.  En ese mismo diario de Nuevo León, el dueño aplicó un mecanismo de control en su venta de publicidad para evitar que la publicación del diario dependiera de sobremanera de un anunciante. Con esto, rompió con el esquema de dependencia que otros diarios nacionales guardaban con sus anunciantes, los cuales se volvían intocables. 

La línea crítica de El Norte le trajo problemas con los empresarios locales y con PIPSA, que limitó la cantidad de papel otorgado a este medio. Otro cambio notable fue el pago de los gastos a los reporteros que cubrían la fuente presidencial en una época en que todos los demás diarios dejaban que Los Pinos subsidiara esos gastos. En 1992, denunció fraudes en la elección local de Chihuahua. En los 70, Junco implantó un código de ética para todos sus trabajadores que estipulaba claramente que las áreas editorial y de publicidad estarían separadas con el objetivo de evitar que los reporteros vendieran anuncios con sus fuentes. También prohibió que sus trabajadores recibieran dinero, regalos, o invitaciones de éstas mismas. De nuevo, el objetivo era distanciarse de los viejos y corruptos reporteros de otros diarios. Todos los empleados debían vestirse con saco y corbata y las mujeres con sobriedad, sin escotes o faldas cortas. 

Todas estas reglas fueron replicadas en Reforma, que apareció en una época de profundos cambios económicos, incluyendo lo que el gobierno estaba dispuesto a pagar el propaganda, lo que pegó en los presupuestos de los medios. Reforma apeló al sentido más comercial de la información, sin perder el rigor periodístico, y con eso logró posicionarse en la mente de los lectores. También se desligó de la Unión de Voceadores del Distrito Federal, lo que obligó a empleados y directivos a salir vender el diario a las calles (después aparecerían los micro-empresarios callejeros, esquema copiado de El Norte). Además de atractivas infografías y recursos visuales, sin publicidad en su portada, y una clara delimitación entre notas pagadas e información del diario, el periódico fue reconocido por varios golpes periodísticos en sus primeros años, tales como los soldados-niño de Marcos, el diferendo Salinas-Colosio y el asunto Cavallo.

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