jueves, 16 de junio de 2016

La Suerte



Toda tu existencia tiende hacia la medianía. Desde el alba de la humanidad, ese ha sido tu único vector repetible. Mientras unos aprovechan y se llevan la mejor parte del pastel, otros recogen las migajas. Así ha sido siempre. Sales tablas en lo general.     

¿Es injusto? Sí. Crees poder cambiar esas variables para mejorar aquello que te rodea, pero esto es falso. Distintas fuerzas te empujan para estudiar en X universidad, trabajar en X lugar, preferir a X persona. Estas fuerzas son invisibles, pero las cargas desde el día que naciste. Son fuerzas sociales que te empujan desde arriba y desde abajo. Estratifican y dividen. En la mayoría de los casos, determinan tu destino.


Y después está la suerte, lo inexplicable, lo único que no puedes controlar. En la ecuación de tu destino, el azar tiene el mismo peso que las variables bien conocidas. La modernidad la desestima, la ciencia la sataniza y, a pesar de eso, sigue siendo factorizada todos los días por aquellos que tienen aversión al riesgo. ¿Qué pasará si hoy caminas por esta nueva calle y no por aquella? ¿Qué pasará si hoy pides moka y no té de manzanilla? ¿Esa persona estará en la sala si llegas diez minutos antes? Haces innumerables decisiones todos los días, a ciegas, sin tener en cuenta la importancia que la suerte tendrá sobre tu avenir. Muchos prefieren no pensar en ella y hacer su propia suerte. El resultado es generalmente el enojo, la frustración y el estrés. No puedes controlar todo. De hecho, no puedes controlar nada, aunque así lo hayas interiorizado desde hace décadas.


Te piensas en un vacío, sin considerar esas variables. Te concentras en los juicios ajenos. Te preocupa la barbarie del norte, pero no porque sientas consecuencias, sino porque tu inmediatez la imita y quiere ser como ellos. “Así ha sido siempre”, te tratas de convencer. Sí, así lo ha sido, pero hoy la loza es más pesada que antes porque la influencia es permanente, omnipresente y de hecho, te facilita tu trabajo con aquellos que alaban a los bárbaros que solo piensan en destruir, poseer y reproducirse.   

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