miércoles, 19 de abril de 2017

Siete razones por las que debes ver el live-action dorama Death Note (2015) antes que la versión de Netflix



El manga Death Note se ha convertido en un fenómeno cultural. De otra forma, el gigante Netflix jamás se hubiera animado a producir un nuevo “remake” del producto japonés original, el cual ha sido traslado a la televisión y al cine en varias ocasiones. El trailer de la nueva serie estadounidense causó gran revuelo entre los mangakas y otakus por el notable renombre que lleva Death Note. El original es un producto popular masivo que tienen la extraña cualidad de converger entre el comercio y el arte. Es una historia sinónimo de calidad y objeto de innumerables copias en su tierra natal.



Tal vez por eso algunos pusieron el grito en el cielo cuando vieron que Netflix haría una nueva miniserie “live-action”, a lanzarse en agosto de este año. Las críticas le llovieron a los estadounidenses por la selección del casting, la previsible bastardización de la historia y por no entender el “feeling” de la serie asiática.

Lo mismo se puede decir de prácticamente todas las entregas que han aparecido después del anime del 2006, basado en las novelas gráficas que corrieron del 2003 a esa fecha. Una en particular parece haber sido olvidada. Me refiero al “live action dorama” lanzado en 2015 por Nipon TV. El formato del producto es sumamente tradicional: diez capítulos de 44 minutos, más un piloto de 70 minutos. Hay efectos especiales, pero la historia se mueve, como el género lo solicita, por el drama interno que sufren los protagonistas.

Tal vez por mala suerte, tal vez por coincidencia, el lanzamiento de Death Note 2015 llegó extraoficialmente a Latinoamérica gracias Crunchyroll, un servicio de streaming especializado en anime, miniseries y mangas orientales, pero especialmente japonesas. No hubo ninguna promoción para la miniserie. Pero además, el problema de su incursión en el mercado mexicano fue que coincidió con el empuje que Netflix dio al anime original del 2006, el cual es considerado como la mejor adaptación del material impreso. Las comparaciones fueron inevitables y poco favorables para el “live action” del 2015.

Sin embargo, creo que hay siete razones por las que todo fan de Death Note (Desu Nōto) debe ver el material del 2015 antes de que la versión estadounidense sature las conversaciones y el imaginario colectivo de los amantes de las miniseries.


7. La interpretación de “Mogi” por Jiro Sato

Sato ha aparecido en una larga lista de series y películas japonesas. Recientemente se le vio en un papel cómico de la genial serie Mr. Nietzsche in the Convenience Store (2016), también de Nipon TV y disponible en Crunchyroll. En ambas, sus papeles son breves pero memorables. Punto extra para aquellos que recuerdan la participación de Sato en el ahora cotizado Haunting Ground para el PS2, un título de survival horror del 2005 al estilo Silent Hill.

6. Los “daddy issues” de Light Yagami

El anime retrata superficialmente estos temas. En la serie del 2015 se desarrollan con mucho mayor profundidad, lo que proporciona mucho mayor solidez a la historia. La motivación de Kira, en específico, va ligada a la relación que mantiene con su padre. En el live action, el papel del padre de Lighto es interpretado por el entrañable Yutaka Matsushige, otro actor con una larga lista de participaciones en la televisión nipona. Por mucho, el momento culminante de la serie es la confrontación que Sōichirō Yagami hace a su hijo hacia el final de la serie. Es un momento particularmente japonés que será difícil de entender para el público occidental, como lo es gran parte del material original. Más adelante tocaré de nuevo ese tema. 


5. Las interpretaciones de Ryuk y Rem

Esta serie da mucho más tiempo a los dos shinigamis a cuadro que el anime, los dos personajes más emblemáticos en Death Note. Y, al igual que la serie animada, proporcionan un muy necesario espacio cómico a una serie obsesionada con la muerte. Los diálogos de Ryuk son ágiles y profundizan la relación entre el protagonista y el titular cuaderno. Algunos dirán que los efectos computarizados de los shinigamis dejan mucho que desear. Y sí, en algunas escenas los personajes se ven mucho mejor que en otras. Pero lo notable es que las voces de los dos, pero en especial Ryuk, empatizan con la audiencia y los acercan a los problemas del mundo de los humanos.


4. El terrorífico Mello/Near

Tal vez el cambio más drástico del anime a este live-action es el de Near. En este caso, la transformación es temible gracias al inteligente uso de efectos de sonido y filtros que logran duplicar su presencia a cuadro. El final es muy abrupto para este personaje, pero no podía ser de otra forma. Su desarrollo queda mejor plasmado si se disfruta a lo largo de toda la serie y no hacia el final de la misma.


3. El casting de la mayoría de los personajes

Como dije arriba, los papeles de Mogi y el padre de Light logran gran conexión con el público. Pero lo mismo puede decirse de Watari, el propio “L”, la cantante Misa Amane, la hermana del protagonista y el equipo de apoyo policiaco. El gran debate en este renglón se centra en la elección de Light Yagami. A muchos les parece un tipo demasiado "normal". Francamente a mí también me lo pareció. Pero el actor que interpreta ese papel logra que Yagami cambie de cara a lo largo de toda la serie y eso reivindica su labor entera. De un joven ingenuo e inocente pasamos a un asesino despiadado. En una metamorfosis que pocos pueden hacer y habla del magnifico alcance teatral del actor Masataka Kubota.


2. El énfasis de la cultura japonesa a lo largo de toda la serie

La gran crítica que se le hará a la entrega de Netflix, lo puedo asegurar desde ahora, será el precario conocimiento del material original del cual proviene el éxito ligado a Death Note, netamente japonés. En el fondo, la historia es una interpretación japonesa de los mandatos religiosos judeo-cristianos Occidentales. Me refiero al énfasis en una figura salvadora que pueda redimir al mundo de todos sus problemas.

Para el cristianismo esa figura también tiene el derecho divino de juzgar a los demás a partir de la valía de sus actos y asignarle premios o castigos. Dichos preceptos simplemente no existen en el budismo y el shintoísmo, las dos principales religiones de Japón. Para los seguidores de estos cultos, la figura salvadora de Cristo y un dios padre castigador es inconcebible. Ahí reside la genialidad de Death Note, tanto así que se han hecho innumerables análisis religiosos de la serie y existe un fuerte debate al respecto. ¿Corresponde a una figura mesiánica juzgar los actos de otras personas? Las disecciones metafísicas sobre el tema son innumerables y, cosa rara en un producto de consumo masivo, se materializan en esta entrega live-action.

Otro gran tema particularmente japonés es la obsesión con el deber ser. Si algo caracteriza a esta nación es su implacable consecusión del orden y respecto a lo establecido. Ese debate queda bien claro en esta adaptación. De ahí la enorme relevancia que Kira se ha forjado entre los japoneses. En la nación isleña, es un asunto ineludible: ¿seguir con lo establecido, aunque a veces no funcione, o romperlo y avanzar hacia un nuevo paradigma? ¿Hacer justicia por la propia mano o dejar que otro grupo menos eficiente siga haciendo su mediano trabajo? 


1. La excelente fotografía de todos los capítulos

Desconozco el nombre del encargado de la serie. Lo busqué en un buen número de sitios especializados pero no lo encontré. Pero ese detalle no importa. Si bien los directores Ryūichi Inomata, Ryō Nishimura y Marie Iwasaki hacen un buen trabajo a lo largo de toda la saga, el ritmo de los capítulos luce gracias a la edición y la fotografía. La música temática de cada personaje también ayuda.

Como suele hacerse en los doramas japoneses, el formato de grabación es video. Estoy casi seguro que se usaron cámaras Sony, pues el workflow completo de Nipon TV en 4k está ligado a esa compañía y su sinergia con los productos Adobe. Para los que crecimos en los 80s y 90s, este formato es sinónimo de un contenido más ágil que el 35mm del cine. Con una trama tan fantasiosa como Death Note, ¿realmente es necesario utilizar el formato cinematográfico? Creo que no. 

El video se presta mucho más para balancear la pesadez de la trama con una presentación más liviana. La clave es que los encuadres están muy cuidados, así como los escasos movimientos de cámara. Afortunadamente, el aparato casi nunca deja el tripié, a diferencia del grueso de las series modernas. Los cuestionables efectos especiales pasan rápidamente al olvido gracias a la excelente fotografía de la serie. Al menos en ese aspecto, vale la pena verla y aprender que se pueden lograr grandes resultados con un equipo medianamente accesible.

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